En mi niñez tuve la suerte de vivir un par de años con un sabio, “el abuelo”; en realidad era el padre de mi madrastra, un campesino de unos 70 años. En mi adolescencia, conviví 10 años con otro, mi padre. Ellos, sobre el carácter y la inteligencia que heredé de mi madre, forjaron los cimientos en los que se fundamenta mi pensamiento.

El abuelo tenía la rara habilidad de prever los acontecimientos y la de “adivinar” lo que había sucedido, con horas y hasta días de diferencia. Lluvias, sequías, visitas inesperadas, enfermedades. Era prácticamente imposible mentirle u ocultarle algo. En el caserío era conocido como “brujo” y otros adjetivos. Una vez lo cuestioné acerca de esa capacidad, le pregunté si era un don mágico o algo parecido. Él sonrió y me repreguntó qué creía yo. Fui sincero, le dije que no tenía ni idea. Me sacó de la casa, me llevó al patio y me pidió que cerrara los ojos, respirara profundo y le contara lo que escuchaba, olía y percibía; y basado en eso, que previera lo que pasaría en la noche. Le dije que percibía el olor a la sopa de frijoles que cocinaba mi tía María, que sentía la brisa fresca y escuchaba truenos a lo lejos; que escuchaba voces raras en la casa de doña Catalina; por lo tanto, preveía que cenaríamos frijoles recién cocinados, que llovería y que había llegado la hija de doña Catalina de San Miguel a visitarla, y llevaba con ella gente extraña, por lo que seguramente habría fiesta en casa de la anciana. Cuando terminó el ejercicio, me dio un mensaje que nunca voy a olvidar: “toda causa tiene sus efectos y todo efecto tiene causas. Para que las cosas sean o los acontecimientos sucedan, siempre, siempre, debe haber una razón que la sostenga; tú a los seis años, has previsto lo que sucederá hoy en la noche con total claridad, por el simple hecho de haber identificado las causas, eso es lo que hago para prever los efectos, identifico las causas, no hay nada mágico en eso. Si quiero entender los efectos de hoy, me voy al pasado a buscar sus causas; si quiero preverlos, me voy al futuro con las causas de hoy”. Quizá no son exactamente las palabras que usó el anciano, pero ese fue el mensaje.

Unos años más tarde, mi padre me dio otra lección. Caminábamos como a las 10 de la noche, por una zona de San Miguel que le dicen “la calle de la amargura”, cuando repentinamente nos aparecieron dos hombres mal encarados con la intención de asaltarnos. Mi padre reconoció a uno de ellos, y lo llamó por su nombre; el tipo se cortó, pero inmediatamente lo reconoció. Se disculpó, pero con la misma salieron detrás de otro tipo, que al parecer iba ebrio al que logré ver que golpearon y le sacaban a la fuerza la cartera de la bolsa. Mientras seguíamos nuestro camino a casa, mi papá me explicó que había vivido en el mismo mesón con el jefe de estos asaltantes, y ahí había conocido a los tres; incluso que cuando este tipo estuvo en la cárcel, mi padre le había llevado cigarros y galletas. Cuando le pregunté ¿por qué asaltaban y robaban? Me dijo: “la realidad va forjando la naturaleza de los hombres y esta, se va arraigando en ellos, hasta convertirse en vicio. Cada quién es lo que es, y actúa de acuerdo a su naturaleza y sus vicios”

Hoy en día, el razonamiento lógico de mi abuelo y el de mi padre, prácticamente ha desaparecido entre la población. La gente cree lo que quiere creer, o peor, lo que le dicen que debe creer. No usa la lógica y el sentido común, para prever el futuro inmediato y lejano; aun cuando tiene las “causas” que lo provocarán frente a sus ojos.

Se hace necesario enseñar a nuestra población a usar el pensamiento racional y lógico. A valerse del sentido común para tomar decisiones más adecuadas, inteligentes y consecuentes con su realidad y la del país.

Quien es corrupto por vicio, siempre será corrupto, esa es su naturaleza, ese es su vicio; y si lo proyectamos al futuro, esto se convertirá en “causa” cuyo efecto será dolor y muerte. Alguien reactivo, egocéntrico y visceral que ataca, y amenaza a quien lo critique o cuestione; siempre será así, esa es su naturaleza, ese es su vicio; solo que proyectado como “causa” al futuro, la consecuencia será que no enviará troles a amenazar e insultar a sus detractores; sino, colectivos armados y encapuchados a golpear y matar, como lo hace Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua.

Rescatemos la razón. Enseñemos a pensar con lógica.

¡Salvemos el Sentido Común!

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