El Titular El Salvador

Carta a Nayib Bukele

Por: Rafael P. Palomo

Estimado Nayib Bukele:

Mentiras y más mentiras. El 12 de septiembre de 2016 a las 9:12 p.m. mandaste un mensaje claro en Twitter. Por si no lo recuerdas, me doy la libertad de refrescar tu mente; el mensaje decía “Solo para aclarar: este servidor NO será el candidato presidencial de GANA”. Hoy, en pleno julio de 2018, las circunstancias parecen haber cambiado para ti. Tu sed desesperada por poder te tiene enlistado en las filas de uno de los partidos políticos más cuestionables del país. A muchos les sorprendió la decisión, sin embargo, a mí no me extrañó en lo absoluto. Al contrario, llevaba un par de semanas esperando ese anuncio… mi ingenua mente nunca lograba descifrar qué te hacía tardar tanto; después de todo, ya habías demostrado ser capaz de comprometer tus principios y convicciones en aras de tus intereses personales.

Como ya mencioné, estimado Nayib, no me asustó tu decisión, pero hay algo que nunca deja de sorprenderme de ti: tu cinismo. Cuando algo te estorba es inmoral y es corrupto, pero cuando te conviene pareces no tener problema haciéndolo. Lo curioso de este cuento, Nayib, es que eres tú mismo el que está cavando tu propia tumba. Recuerdo cuando empezó tu carrera pública, con esos spots publicitarios para Nuevo Cuscatlán. Aparentabas ser un joven emprendedor y decidido; la opinión en general era esa. La juventud te aceptaba. Recuerdo a gente que apoyaba a ARENA decirme que percibían algo bueno en ti. No puedo negarlo, tu propuesta era atractiva, sin embargo, por convicción ideológica decidí no prestarte atención: misión que tú mismo harías imposible.

Desde que ganaste ese pequeño municipio, empezaste a formar un perfil desagradable a mi gusto y al de muchos. En vez de dedicarte a trabajar, te dedicaste a atacar, difamar y denigrar. Lo curioso del caso es que, aún con tantos calificativos negativos en tu actitud, muchos jóvenes se vieron atraídos hacia tu figura. Después de todo, el discurso mejor vendido de la actualidad es el de ir en contra del establecimiento político, a la mayoría que lo han usado les ha funcionado. Ahora bien, tu popularidad fue incrementando exponencialmente, pero tus detractores también. Parecía que tu carrera política iba a ser una de la cual nos íbamos a tener que cuidar, pero también ibas a tener que empezar a ser más serio en tu manera de actuar. Eso nunca pasó; contrario a lo que cualquier estratega político haría, entre más crecía tu popularidad, más inmaduro te volvías.

Para 2015 tu sed de poder era evidente, por lo menos para mí. Muchos otros, por el otro lado, todavía confiaban en tu imagen, en tu mensaje, o en lo que yo prefería llamar: tus “nuevas mentiras”. Yo no me tragué ese discurso en ningún momento, estabas mostrando una cara nefasta que no esperaba de ti. La campaña por la alcaldía de San Salvador evidenció que no tenías escrúpulos, que eras capaz de mentir y difamar con tal de obtener más poder. Era frustrante ver a tanto joven engañado por tu falsa fachada, pero me tocó aguantar que tu popularidad seguía creciendo. El legado que dejó tu padre y sus consejos, sin duda, construyeron a un astuto político, pero eso nunca iba a poder cambiarte como persona. A partir de ese momento, tu egocentrismo, tu megalomanía, tu narcisismo y actitud infantil empezarían a sellar tu destino.

Fuiste un fenómeno, Nayib. Tu estrategia de pan y circo atrajo a unos cuantos más, pero empezó a alejar a muchos. Empezaste a perder la confianza de muchos que te veían como una propuesta seria y, contrario a lo que pensé, en vez de cambiar te volviste peor. Con tu ruptura con el FMLN dejaste algo muy claro: que tus principios no existen, que no tienes ideología, que tienes una enfermiza obsesión por el poder y que NADA iba a interponerse entre eso y tú. Empezaste con un show sin precedentes, a atacar la institucionalidad de la democracia, abiertamente. Engañaste a muchos y les hiciste pensar que ibas a fundar un partido nuevo, cuando tú sabías que era tarde para hacerlo. Si bien, mi desagrado hacia ti era indiscutible, con eso llegaste a tu límite. Fue ese momento en el que tocaste fondo, cuando perdiste a gran parte de tus seguidores. Ese show en el que despilfarraste tanto dinero, culmina con el escenario que tenemos hoy.

Tu proyecto, tu trayectoria y tu futuro han quedado desprestigiados. En una de tus famosas transmisiones en vivo, dijiste que nunca ibas a ser de GANA. Voy a citarte también, porque hiciste alusión a memes en los cuales salías vestido con uniformes de gana; con respecto a eso tú dijiste: “no me voy a unir a otro partido… ya estoy inscrito en el CD, así que ya pueden ir borrando los colores de sus memes y comiéndose sus propias palabras”. Recuerdo que mi madre siempre dijo que en boca cerrada no entran moscas. Eso es algo que nunca has sabido hacer: cerrar la boca. En este caso, eres tú quien se tiene que tragar sus propias palabras… son tan grandes que sé que te costará, pero es lo que le pasa a quienes escupen hacia arriba, al final, les cae en la cara.

Para muchos, eras la renovación de la izquierda salvadoreña; así como GANA era una nueva opción de derecha para otros pocos. Con tus acciones has demostrado que ni tú ni GANA tienen ideología, ni ellos de derecha, ni tú de izquierda, solo ambición y sed por el poder. Te has terminado de hundir, son muy pocos los que todavía creen en ti. Si tenías alguna esperanza de ser presidente en 2019, eres tú mismo quien, poco a poco, la destruye… independientemente del resultado de las internas de GANA. Actualmente, es obvio que tienes una necesidad patológica por mentir, engañar y pisotear a quién sea necesario, con tal de lograr lo que te interesa. Tu egoísmo, tu prepotencia y tu condición psicopatológica de megalomanía han quedado expuestas… este es un golpe del que difícilmente te vas a recuperar: te has convertido en la cara de la prostitución política en El Salvador.

En fin, Nayib, debe pesarte que aquellos que siguen siendo fanáticos tuyos tengan que tener una camisa roja, una turquesa, una amarilla y una anaranjada para poderte apoyar. Has decepcionado a muchos; sin embargo, a mí no, nunca creí en una sola palabra tuya. Criticaste a los partidos tradicionales y te uniste a 2 de ellos; dijiste ser de izquierda, pero te uniste a un partido de derecha; prometiste nuevas ideas, pero saliste con mañas viejas de la política que tanto criticaste. No eres mejor que ningún otro corrupto, no eres diferente a ninguno de ellos… solamente más joven. El punto de esta carta es hacerte saber lo que muchos ya realizamos: se acabó tu jueguito de mentiras. La historia sería diferente si hubieses esperado, fundado Nuevas Ideas con tiempo y te hubieses preparado para competir sanamente en 2024. Pero no, tu obsesión y sed por poder cavaron tu propia tumba y eres tú, y únicamente tú, quién está enterrándose solo.

Saludos,

-Tu más fiel crítico.

Redaccion El Titular